Sorprendentemente mi querida Telecinco nos deleitó un sábado por la noche con un programa menos previsible y ciertamente poco unido a su perfil de emisión. Me refiero a la entrevistas de Jordi González a Mario Conde en “La Noria”. Un programa con formato, ritmo y entrevistador poco agraciado que no pudieron tapar a un siempre notable Conde. Parece que el invitado interpretó su realidad. Probablemente si, aunque es cierto que el renovado tono espiritual del banquero contrastaba con lo material de su conocido currículo.La reciente muerte de su esposa y la importante dosis de humildad interna que el penal de Meco le ha proporcionado ha servido para acompasar su conocida prepotencia y resaltar su lado vanidoso, átono, discorde y con matices amables. No me dio pena sino que me cayó bien, me resulto cercano. No se si me dejé convencer por su posible interpretación, pero me agradó ver su evolución. Debe ser la pirámide de Maslow que hace avanzar al individuo. De la materia a al esencia.





